Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de diciembre de 2012

La música del mundo


Fue una lección. Algo que aprendí sin levantar dos palmos del suelo; fue algo que no entendía y que supongo ahora sí: “Quien te ama, te hará sufrir”. 6 palabras que acabaron acarreando dos conclusiones. No esperar nada de nadie y luchar por lo que cada uno cree.

Por supuesto que es fácil abandonar y esperar una racha de buena suerte, que puede llegar o no; lo complicado es levantarse después de caer, hacer acopio de esas fuerzas que ni siquiera sabíamos que poseíamos y enfrentarnos al dolor con esperanza y miedo. Para ello estamos creados, para sobrevivir, aun y cuando un objeto punzante nos esté desgarrando el alma. Sin embargo, el mundo, la sociedad y nosotros mismos necesitamos personas con más tesón, locura y esperanza que simple realismo cínico.

Necesitamos personas como Lucía, que con una enfermedad crónica, 7 años y demasiada morfina en el organismo aún sonríe; necesitamos también a Marcos, quien se olvidó de todas sus penas para ayudar a los más desfavorecidos y embellecer así nuestro mundo. Y aunque no lo sepas, también te necesitamos a ti, que aportarás tu grano de arena a la sociedad y por ello serás como el cisne de Avón inmortal.

Y ahí esta el secreto, centrarse en el futuro sin olvidar el sufrimiento que nos fortaleció. Soñar con un atardecer anaranjado, después de la tormenta. Estar dispuestos a componer la música del mundo y ser capaz de hacérsela escuchar a los demás. Porque, todos necesitamos a alguien que nos ayude a escuchar la música del mundo, alguien que nos ofrezca un bombón de chocolate después de habernos visto llorar, alguien que nos devuelva la esperanza y ahuyente el dolor. Y ese alguien, podemos ser nosotros mismos.

Naiara Rodríguez

viernes, 14 de diciembre de 2012

Una ola, un mundo


26 de diciembre de 2004. Todos los telediarios y programas del mundo emiten un comunicado de última hora: el sureste Asiático es azotado por un terremoto de 9.5 en la escala de Richter (el segundo más grande hasta ahora conocido) creando un tsunami devastador a lo largo de las costas del Océano Indico.
            Todos los ojos del mundo se posan en ese rincón geográfico. Las imágenes que llegan a nuestras pantallas son aterradoras: olas gigantes que se tragan y destruyen todo lo que encuentran a su paso, gente que tras haber sobrevivido a estas hace acopio de sus fuerzas para subir a un lugar más alto, niños que lloran porque no encuentran a sus padres entre todo ese caos…
            El dolor se transmite a través de estas imágenes y llegan a nosotros. El dolor rompe todas las barreras y llega a todos los rincones del mundo, ya sea por empatía, por haberlo sufrido o por haber perdido en este desastre a un ser querido en un instante.
            Sin embargo, el dolor no es el único que rompe barreras. De inmediato, el mundo entero se pone en marcha. Todos tienen algo que hacer; toda contribución es grande. Lo único que se pretende ahora es devolver un soplo de esperanza al país.
            Y es la esperanza la que mueve tanto a chinos como a estadounidenses, sudamericanos, suecos… Todos ellos unidos por un bien común.

Nerea Aranda  2.A
 
            Y es que el dolor es universal, pero también lo es la esperanza, y esta no entiende de religiones, culturas ni razas.

Nerea Aranda